Soy María Alcázar y soy Técnico Superior en Dietética y Nutrición por la Universidad Antonio Nebrija y Máster Europeo en Dietética y Nutrición por el Instituto Europeo de Estudios Empresariales (INESEM). Me dedico a ayudar a las personas a ser más felices a través de su alimentación, aunque esta historia comenzó mucho antes…

Nada más acabar mi bachiller tecnológico dejé el hogar familiar y me fui a vivir a Linares, en Jaén, donde completé mis estudios de Telecomunicaciones en esa Universidad Politécnica. Años más tarde hice un MBA en Santa Cruz de Tenerife, ciudad a la que había mudado mi residencia por exigencia de la consultora para la que trabajaba en aquel entonces. Tras años de dedicarme a la consultoría y a la gestión de proyectos para las Administraciones Públicas en Canarias llegó un nuevo cambio de destino mucho más radical. Me expatriaban a Latinoamérica.

Fue durante esa andadura al otro lado del Atlántico cómo, finalmente, entre unas cosas y otras, acabé descubriendo mi verdadera vocación: la nutrición y la alimentación saludable. Y así, puse punto y final a todo lo que había hecho hasta entonces, para abrirme a un nuevo y maravilloso universo. Pero para llegar hasta ahí tuvieron que pasar más cosas (sigue leyendo más abajo).

María Alcázar en el mercado de Nuestra Señora de África en Santa Cruz de Tenerife

Los países del Caribe son muy, muy calurosos, sus ciudades inseguras y el tráfico un verdadero infierno. Por eso, mataba mis ratos libres haciendo ‘terapia’ en la cocina de casa con mi aire acondicionado. Me divertía, me ayudaba a desconectar del ruido y me mantenía a salvo; luego, además, podía saborear lo que elaboraba. Y fue así como comenzó mi afición por cocinar y descubrir nuevas recetas. Poco tiempo después, llegaría el gran susto que lo cambiaría todo.

Tocaba renovar mi seguro médico y entonces mi rutinaria analítica arrojó unos parámetros disparados, absolutamente descontrolados. De inmediato, la recomendación médica de cambiar algunos hábitos y mi seguro de salud en suspenso. La verdad es que mi vida en América se había vuelto caótica. Poco tiempo para hacer deporte, horas y horas en el trabajo y en el tranque -como llaman allí a los atascos-, y los pocos ratos de ocio los pasaba en restaurantes con los clientes y amigos. En casa, la cosa no mejoraba. Comilonas tras mis sesiones de cocinillas, y si no me quedaban fuerzas, ni eso, comida para llevar y película en el sofá.

¿Cómo era posible que yo, que trabajaba poniendo orden en empresas e instituciones públicas a este y al otro lado del Atlántico, no fuera capaz de hacer lo propio con mi vida? Empecé a aprovechar las escasas horas de sol de la tarde para practicar ejercicio. Caminaba desde el trabajo y daba largos paseos por el parque más próximo a casa, siempre que hubiera suficiente gente y luz. Esto me costó poco, porque ya desde chiquita era un manojo de nervios y después de saltar por primera vez a la comba, y hasta los 25, nunca paré de dar brincos.

Pero el cambio más importante tenía que producirse en mis malos hábitos a la hora de comer. Me puse manos a la obra como buenamente pude: mucha lechuga, pescado blanco, algo de pollo y nada de arroz, pasta o azúcar. Fueron cuatro semanas terribles ¿Te suena? Ansiedad, el día entero sin energía y, además, con la presión de que no superar el nuevo análisis significaba perder la protección médica. No tenía margen de error. Recuerdo que pasé un calvario, pero, como siempre que me propongo algo, logré controlar mis indicadores y con ello renovar mi seguro médico.

Me prometí que jamás volvería a poner en riesgo mi salud, pero durante esas semanas aprendí dos cosas: que no podía vivir a base de las típicas, aburridas y restrictivas dietas, y que había muy poca información accesible sobre qué podía comer y qué no, y de cómo combinar alimentos e ingredientes en la cocina para comer más saludablemente. Tenía que pensar algo y tenía que hacerlo pronto.

Por aquel entonces, en Latinoamérica, Instagram estaba en ebullición. Y allí, entre los miles de personas que compartían sus fotos, una incipiente comunidad con los mismos problemas e inquietudes que yo se abría paso con fuerza. Ya no estaba sola. Compartían fotos de sus recetas saludables, hablaban sobre alimentos orgánicos y de productos ultraprocesados. Entre toda esa multitud tres mujeres destacaban poderosamente: Fanny Cardoze (en la foto de abajo a la derecha con camiseta amarilla), Janettsy Chiszar y Rebecca Eisenmann (en la foto de abajo a la izquierda, a mi izquierda y derecha, respectivamente), esta última más conocida como ‘Verde y Rebelde’. Las contacté y en seguida me puse a trabajar con todas ellas. Fueron mis guías, las personas que más me ayudaron en este proceso que cambió mi vida para siempre.

Con mucha constancia y su ayuda asumí el control de lo que comía y a mi terapéutica afición de cocinar sumé la habilidad de sustituir ingredientes convencionales por otros más saludables, orgánicos o naturales. Transformé mi cocina en mi particular laboratorio, haciendo mis propias versiones de platos tradicionales e internacionales.

Después de mucho trabajar llegó la revelación. Decidí que quería ayudar a aquellas personas que se encontrasen en la misma situación en la que me vi yo. Empecé a publicar en un blog y en Instagram –siguiendo los trucos y métodos que aprendí con mis mentoras-, mis progresos y hallazgos, para que cualquiera pudiera tener a su alcance una colección de recetas saludables fáciles de preparar, llena de sabor, color y energía; y que, además, como siempre insistía Rebecca, pasara por ser respetuosa con nuestro sobre explotado y sobre industrializado planeta.

No persigo un cuerpo perfecto. No quiero pasar horas encerrada en la cocina ni en un gimnasio, y sé que tú tampoco quieres. Quiero salir a la calle, pasear por el monte, correr, reír y nadar en un mar limpio; disfrutando sola o en compañía. Y así para toda la vida. Y cuanto más larga logre que sea esa vida, mejor.

Ahora, puedo decir que cada noche me acuesto con el corazón contento, duermo de un tirón sin pesadillas y me despierto sin remordimientos.

Si tú quieres lograr lo mismo, pero aún no sabes cómo, yo puedo ser tu guía. Solo tienes que querer, y un buen comienzo puede ser pulsar sobre la burbujita azul que ves un poco más abajo y chatearme.

¿Empezamos?